domingo, 25 de diciembre de 2016

La Navidad de Gäel

Hoooooola a todos, hace un mes aproximadamente en el grupo de Sonrisas de Facebook, se organizó un concurso de relatos, yo envié el mío y aquí os lo quiero dejar. Espero que os guste. 



Nº De registro en Safecreative: 1612250184523

La noche había caído, cuando ella salió a la calle, se sorprendió al ver las calles llenas de gente y de nieve, hacia tanto tiempo que no veían la nieve, que estaban ilusionados, de lejos se veían las luces de navidad y se oían los villancicos, Marta llevaba trabajando todo el día y aún no había podido comprar el regalo para su hijo, se apresuró por las calles hasta llegar a una juguetería muy conocida, pensando que allí tendría ese juguete que quería su hijo, por suerte lo encontró.

Salió de allí y corrió para coger el autobús que le llevaría a su casa, allí le esperaban sus amigos, subió dejó el juguete bien escondido y volvió a bajar.

Allí estaban Andrés, Alberto, y las chicas, se fueron todos a uno de los bares cercanos a su casa, varias horas después cada uno se fue para su casa, Marta antes de llegar a su casa vio a un hombre que se apoyaba de la barandilla del puente que conectaba con la ciudad, no lo pensó y fue hablar con él, pensando que se iba a tirar, que equivocada estaba ella.

― No se tire por Dios ―susurró ella llegando a su lado.

El hombre giró la cabeza sonriendo, hacía mucho que no la veía, no había cambiado mucho, se la veía más cansada, miró hacia todos los lados buscando al pequeño que siempre la acompañaba, supuso que estaría durmiendo en casa de la abuela, debía ir con tacto si no querían que lo descubrieran.

―No tenía pensado tirarme ―comentó suspirando―. Estaba esperando que llegara el nuevo día, quedan horas.
―Pero aún quedan bastantes horas para que llegue ―le dijo ella.
―Lo sé, pero no tengo donde ir, aquí no molesto a nadie, en un rato me sentaré en el banco, tranquila, váyase a su casa ―le contó él.

Ella negó con la cabeza, toda su vida había aprendido a ser solidaria con las personas que no tenían nada, así conoció a su marido y así lo perdió, así que no se lo pensó dos veces y sonrió.

― ¿Por qué no te vienes a mi casa hay habitaciones de sobra y por la mañana podrás ver el sol? ―Le preguntó ella, tocándole el hombro.

No podía creérselo, ella seguía siendo solidaria, no era seguro volver a esa casa, pero Gabriel pensó que ella no conocía ese cuerpo que estaba usando.

― ¿Cómo sabe que no le haré algo? ―curioseó él observándola bien, viendo sus reacciones.

Ella se encogió de hombros. No era la primera vez que metía alguien en su casa y tampoco sería la primera vez que la robaban, pero ella creía en las oportunidades para todos.

―No lo sé, pero si quisieras robarme no me lo hubieses dicho, ¿no crees? ―Le indicó ella sonriendo y enseñándole las llaves―. Vamos aquella de allí es mi casa, ¿has cenado? ―indagó ella indicando con la mano el portal de su casa, vio que él negaba con la cabeza.

Entraron por el portal y ambos subieron en el ascensor hasta la quinta planta, ella le hizo esperar en el pasillo mientras llamaba a la puerta del piso B, por la puerta salió una cabecita rubia y una mujer mayor que la sonrió y le echó un vistazo al desconocido.

― ¿Qué tal pasó la tarde? ―Averiguó susurrando ella, mirando a su pequeño hijo que se acercaba a ella en pijama, que lo cogió en brazos, acunándole,  ―hoy te vas a quedar con la yaya, ¿de acuerdo Gaël? ―El niño mira a su madre y asiente con los ojitos, echándole los brazos a la abuela.
― Bien, hizo los deberes y estuvo jugando con los gatos, ¿quién es? ―respondió moviendo la cabeza hacia el desconocido.
―Siempre has dicho que es bueno ayudar al prójimo, me lo encontré en el puente a punto de tirarse, le pregunté y me lo he traído, le daré cama y cena, luego ya veremos. Sé lo que vas a decir, tendré cuidado. Mañana recojo al pequeño, salgo antes… ya sabes. ―Dice de carretilla.

La abuela asiente, vuelve a mirar al desconocido que se va con ella, Gaël también le sigue con la mirada, no sabe porque pero algo en ese hombre le inspira mucha confianza.

―Vamos, entremos en casa, que ya es hora. ―indica moviendo la cabeza, no sin antes observarle, el pobre tiene cara de no entender nada―. Ella es mi madre, cuida a mi hijo porque yo trabajo hasta tarde. ―Explica sin saber por qué lo hace.
Entran en la casa, la cual sin su hijo parece vacía, deja el bolso encima de la mesa auxiliar de la entrada y le indica que pase.

―Por cierto, ¿Cómo te llamas? ―le pregunta ella mientras se quita el abrigo.
―Soy Gabriel ―le responde él pensando que para que mentirle.
―Vaya, hace años que no oía ese nombre. ―Piensa en alto mientras mueve la cabeza―. Yo soy Sofía. Ven te mostraré la casa. Aquí, está el salón, enfrente está la cocina, ―se gira para hablar con él―. Puedes hacerte lo que quieras si sabes cocinar, si falta algo me lo dices. ― Continua hablando―. Por este pasillo se van a las habitaciones, ―se acercan al pasillo, y abre una de las puertas―. Esta será tu habitación no es muy grande pero lo justo para que puedas pasar la noche o noches. El baño está dentro, no lo tienes que compartir, y por último pero no menos importante, mi cuarto está al fondo, el de la puerta rosa.

Después de esa gran explicación, le deja y se va a su habitación, no sin antes dar una vuelta y volver a mirarlo, realmente es guapo el chiquillo, pero niega con la cabeza quitándose esos pensamientos.

Al día siguiente, ella realizó sus hábitos, ducharse, desayunar y cuando estaba a punto de salir de su casa se acordó del desconocido, fue hacia la habitación y la vio abierta, la cama hecha y sin el chico, “¿dónde se habrá metido?” se preguntó mientras le buscaba por la casa, al no verle se encogió de hombros, cogió su bolso y se fue a trabajar, por la tarde cuando salió de trabajar se encontró de nuevo a Gabriel en la barandilla, esperándola.

Se acercó a ella y la besó, como nunca antes nadie le había besado, cuando terminó de besarla, la obsequió con una sonrisa y subieron a la casa, pero no sin antes de recoger al hijo de ella.

―Gracias por darme la oportunidad de vivir aquí estas noches, aunque el día de navidad tendré que irme ―indicó él tristemente.
―¿Por qué? ―Preguntó ella cogiendo al pequeño en brazos.
―Ya te lo diré.

Le quitó al niño de los brazos y se puso hacerle el avión, a ella se le humedecieron los ojos, le recordaba tanto a su marido. Negó con la cabeza, y preparó las cosas para la noche, ya que esa noche era nochebuena. Debía aprovechar a estar con él.

―Voy a darle de cenar al niño y lo acuesto y nos quedamos charlando, ¿de acuerdo? ―le preguntó ella convencida de pasar una gran noche.

Él asintió y se sentó en el sofá a esperar a que ella volviese, necesitaba contarle todo, aún seguía esperando a su marido, él sabía que jamás lo volvería a ver. 

―Ya estoy aquí, siento la espera el niño estaba inquieto, hoy es una noche especial.
―No te preocupes, ¿dónde está el padre del niño? ―preguntó inocente.
―Mi marido desapareció hace seis meses, no nos dio tiempo a despedirnos de él, desde entonces el pequeño no habla. ―se lleva las manos a la cara y solloza sin descanso.
―Lo siento ―se disculpa él.
―No pasa nada, tú no tienes la culpa. ―indica ella mirándole a los ojos.

Él suspira…

―Realmente sí es mi culpa, debo confesarte algo.

Ella comenzó a temblar, pensando que podía ser malvado o algo, su marido había desaparecido sin dejar rastro y ella no se cansaba de buscarlo.

―Tranquila, ―le dice mientras la acaricia―. Como te dije mi nombre es Gabriel, ― la ve asentir―. Soy uno de los arcángeles del cielo. ―La vio atragantarse con el vino―. ¡Ey! Respira, pequeña, venga, venga. ―Comenzó a golpearle la espalda―. ¿Mejor? ―Le preguntó asintiendo esta.
―¿Arcángel? ―preguntó ella mirando hacia el pasillo.
―Sí. ―Suspirando decide continuar―. Hace unos años, muchos ángeles decidieron bajar a la Tierra para formar familias, Rafael te vio y quiso conocerte, cuando os prometisteis él quiso contarte todo, para que el día que él desapareciese tú no lo extrañaras, pero el destino no os dejó, fue cuando te quedaste embarazada del pequeño Gaël y todo lo que se había pensado se volvió difuso, hace seis meses fue llamado de nuevo al cielo y no pudo negarse a la orden y por ello vosotros os habéis quedado desamparados, por eso estoy yo aquí hoy, he venido hablar contigo y darte una única opción, sí decides aceptarla estarás con él para siempre sino… os haré olvidar todo. ―Le explicó todo con paciencia.
―¿Qué opción es esa? ―preguntó ella con lágrimas en los ojos.
―Podréis iros tú y tu hijo a vivir con Rafael al Cielo, pero no podréis volver a pisar la Tierra nunca más. ―Gabriel se puso muy serio.
―¿Y mi madre? ―quiso saber ella.

Él negó con la cabeza.

―Te olvidará.
―¿Hasta cuándo tengo para pensarlo?
―Hasta las doce de la noche, es decir dentro de 15 minutos.
―Prefiero quedarme aquí, olvidar todo, mi madre no se merece olvidar a su hija y nieto, prefiero olvidarme de Rafael para siempre.
―De acuerdo que así sea.

 Ella comenzó a sentirse muy cansada, sus parpados no se mantenían abiertos, los cerró y Gabriel la cogió entre los brazos y la llevó a la cama, a la mañana siguiente ella se olvidaría de Rafael, de él mismo y de toda la historia, aunque la seguiría vigilando ya que Gaël sería un niño especial en un futuro lejano.

Navidad, 8 de la mañana

― Mama, Mama despierta, ha venido papa Noel. ―Gritaba el pequeño Gaël, moviendo la ropa de su madre.
―Gaël cariño aún es pronto. ―respondió ella despertándose.
―Vamos mama.

Sofía abrió los ojos y por primera vez sonrió pensando en que su hijo volvía hablar, no se preguntó el motivo, iban a disfrutar el día como si no hubiese un mañana.

FIN


11 comentarios:

  1. Que bonito y que triste a la vez!! Es una historia preciosa

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  2. Una dura decisión.... muy bonito Ester

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  3. Ohhh es muy bonito pero triste al mismo tiempo. No sé si yo habría hecho esa elección jejeje. Felicidades. Un besazo!

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  4. Ohhh es muy bonito pero triste al mismo tiempo. No sé si yo habría hecho esa elección jejeje. Felicidades. Un besazo!

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  5. Buenisimo. Lloras de alegria y emoción al mismo tiempo. Estamos sin duda ante una gran escritora. ANTONIO HERRANZ

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  6. Tiene todo para ser un gran relato: personajes nítidos, hilo y ritmo narrativo que engancha, buenos recursos literarios, y hace pensar. Y es tan emocionante!!! Tan alegre, tan triste a la vez. La vida misma. La Navidad. Ester convierte la vida cotidiana en una aventura trepidante. ANTONIO HERRANZ

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  7. Hola guapa !!. Qué bonito Ester 👏👏👏 y por éstas fechas leer relatos como él tuyo hacen que sean aún más mágicos preciosa. Besos y nos leemos 💋💋💋

    Delia------------La guarida de los amantes.

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  8. Oh! Que bonito!!
    Me ha encantado, te ha quedado precioso 😍
    Besos guapa!
    Nos leemos.
    María | Cazadores de Libros

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Bienvenido, me encantan los comentarios, pero ten respeto, yo te lo agradeceré.